A partir de ese instante, la relación entre videntes y el servicio secreto se convierte en el objetivo prioritario de las indagaciones de Carballal.

Las pesquisas le llevan a entrevistarse con José Manuel Martínez-Pereda, magistrado del Supremo, quien le proporciona interesantes referencias bibliográficas sobre el particular. Diversos caminos llevan a la misma conclusión: los videntes son útiles incluso si carecen de los poderes que se atribuyen. Casos como el de los secuestros de Oriol, Villaescusa e Ybarra, que contaron con la participación del padre Pilón, reputado radiestesista que como la misma policía pudo comprobar, dio con el escondrijo de dos de los secuestrados, avalan el papel histórico de esta alianza entre el método cartesiano y la revelación paranormal.

Los resultados, sin embargo, las más de las veces, son desalentadores. El mismo Carballal reunió a varios videntes en un plató de televisión para tratar de encauzar las investigaciones sobre el entonces candente caso del desaparecido niño pintor. El resultado fue tan dispar como inútil. No sucedió lo mismo con el caso de Anabel Segura: los psíquicos del Pentágono venidos desde EE UU fueron unánimes; la chica estaba muerta.

Videntes que actúan como espías, radiestesistas que colaboran en la búsqueda de secuestrados y, como no podía ser de otro modo, telépatas que se cuelan en la mente del enemigo, siempre a instancias de un servicio secreto, para debilitarle o conseguir que apoye determinada decisión. Es el caso del famosísimo Uri Geller, con el que el investigador se entrevista varias veces hasta obtener una confesión inédita: su trabajo para la CIA consistente en "bombardear" a Yuri Voronstov para que firmara el desarme con EE UU. El CESID, por supuesto, hará otro tanto aunque en otros ámbitos. Carballal acredita documentalmente las pruebas realizadas a un vidente efectuadas por el servicio secreto español.

Pero la participación de los Servicios Secretos de los distintos países no se detiene ahí; lo paranormal es un medio idóneo no sólo para informarse o desinformar, sino también una espléndida arma de manipulación emocional. Lo queramos o no, el homo sapiens sigue mirando al cielo en busca de mensajes.

"Y quién pueda controlar las creencias de un colectivo, podrá controlar sus actos y modelar su comportamiento".